Creo que he hecho mi primer descubrimiento: No sé hablar.
Como los gatos, escucho y veo todo. Pienso mucho y siento mucho pero no sé decir nada. A la hora de la hora, soy muda.
Temo que el mundo no me comprenda, que las palabras no me alcancen o que simplemente me cause más pensar y más sentir tener algo que decir. Como si contestar fuese la mecha de una bomba inmensa. Y mis dedos no dejan de moverse, pero es mi boca la que no reacciona. La que nos calla a todas aquí adentro. La que nos controla. Ella es la inteligente y la más tonta de todas. Ay María
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